Multimedia

MYSU en los medios

Abracinskas: “Todo el Código Penal debe ser revisado, con una perspectiva de género”

Publicado el 11/03/2021

Medio: Montevideo Portal

La directora de Mujer y Salud en Uruguay dice que el feminismo transgrede y busca negociar un nuevo contrato social.

Lilián Abracinskas (62), feminista antes que todo, especialista en temas de salud sexual y reproductiva en mujeres, y directora de Mysu (Mujer y Salud en Uruguay) habla fuerte, gesticula, se altera, pero todo lo argumenta con números, con cifras, con datos insoslayables y rotundos. No anda con medias tintas: se reconoce ella misma radical, pero no intransigente. Vaya si ha tenido que transar y negociar para ir acumulando poder desde que a la salida de la dictadura las feministas militantes se contaban con los dedos.

Hoy Abracinskas va más lejos. Dice que ella no es partidaria de acallar las expresiones más agresivas porque también «son un mojón» en el largo camino de esta revolución cultural. Arguye que son las menos, que son jóvenes y no pueden entender que el Estado se preocupe más por limpiar algunas manchas en la fachada de una iglesia que en la seguridad de las propias mujeres. También cuestiona a los medios, que «ponen el foco» en grupos minoritarios de mujeres que ven a los medios como un enemigo y no como quien amplificará su mensaje. Y ahí, señala, los medios hablan del feminismo como si todas las organizaciones y colectivos fueran una masa homogénea. No lo es. Hay múltiples formas del feminismo. Para ella, por ejemplo, es «un motivo de lucha, una causa justa y una forma de vida».

Dice que algunas señales políticas como enviar decenas de policías uniformados a custodiar una iglesia alguna vez le dieron a ella misma «ganas de tirarles una bomba», por entenderlo como una provocación. Pero habla en sentido figurado. La veteranía y la madurez le han curtido la piel y sabe que en esto de promover políticas públicas hay que ser pacientes. Deja claro que la violencia no es el camino y que esto no puede ser una «guerra de sexos», porque si así fuera, las mujeres «irían perdiendo por goleada».

Entiende que se puede ser feminista y no ser de izquierda, pero que las mujeres que se consideran feministas e integran la coalición -teléfono, vicepresidenta- tienen una contradicción intrínseca que deben resolver: ¿cómo pueden integrar partidos que históricamente avalaron un modelo patriarcal de la sociedad? ¿Van a cuestionar el status quo o se conforman con conseguir mejoras para las mujeres?

Abracinskas afirma que el feminismo quiere romper el status quo, transgredir, buscar un nuevo modelo de sociedad. Y para ello hay que revisar el contrato social, empezando por revisar el Código Penal «de punta a punta» con una perspectiva de género.

¿Recordás qué episodio puntual, o en qué momento de tu vida, tomaste conciencia de la importancia de ser activista por los derechos de la mujer?

-Estaba siguiendo la carrera de Licenciatura en Biología, tenía que hacer la investigación para licenciarme y opté por investigar el comportamiento madre-hijo después del parto, para ver si la maternidad era innata o adquirida. Empecé mis estudios en el Pereira Rossell, y ahí me vinculé a la Asociación Uruguaya de Planificación Familiar, que era una de las primeras que empezaba a trabajar el tema de condición de la mujer en todo el campo de la sexualidad y el control del cuerpo, y la independencia de la capacidad reproductiva del placer. Tenía 23 años.

-Hasta ahí no te considerabas feminista…

-No, pero sí hubo algo que me hizo procesar todo que fue mi aborto inseguro a los 17 años. No lo había podido hablar, hasta ese momento (los 23 años). Soy lo que se puede decir una sobreviviente de abortos inseguros. Con quien era mi amigo, mi compañero, nos enteramos del embarazo y entre él y yo conseguimos la manera de poder obtener la interrupción. (El aborto) fue sobre una mesa de cocina, de la forma más insegura, con analgésicos. Fue de la forma en que hoy te podés morir por aborto. Una muerte de aborto clandestino en 2016 fue así, de este modo. Pero el aborto fue una cosa más en el proceso… Yo era hija de una familia obrera, del Cerro, donde el modelo de ser esposa y madre estaba instalado, y yo quería estudiar. Y esos años, que son de silenciamiento, de negación también, solo lo pude verbalizar en un espacio feminista, donde otras también contaban lo que nunca habían podido contar, entre otras cosas, aborto inseguro o no haber podido cumplir con el destino de la maternidad.

-En 1985 fuiste fundadora de Cotidiano Mujer, quizás el primer gran colectivo feminista en Uruguay. ¿Cómo era ser feminista a mediados de los 80, en el comienzo de la restauración democrática?

-¡Difícil! No éramos multitudes, sin duda… Fue muy efervescente. Éramos el segundo gran colectivo feminista, el otro era Grecmu (Grupo de Estudio sobre Condición de la Mujer). Fue el pionero en términos de ingresar al país una teórica feminista, y de trabajar en ella. Eran sociólogas que venían trabajando sobre el trabajo reproductivo como uno de los ejes de desigualdad. Yo tengo un gratísimo recuerdo. Fue duro porque, entre otras cosas, te llevaba a enfrentar tus propias contradicciones. El feminismo ha sido muy doloroso para las propias mujeres. Reconocer que sos oprimida en un sistema de opresión no es fácil, siempre que no te quedes en la victimización, sino que entiendas que tu situación no solo depende de tu biografía, sino que depende de una forma de sociedad. En ese momento había muchas feministas que salían de la cárcel, otras volvían del exilio, muchas habían estado en la organización de partidos políticos de izquierda o del movimiento sindical. Incluso con esas mujeres fue difícil, porque su primer cometido era el partido. Partidos que eran bastante impermeables a esto. Si uno se acuerda de la Concertación Nacional Programática, hubo que salir a patear puertas, porque habíamos resistido la dictadura, volvía la democracia, ¿y las mujeres íbamos a volver a la casa a tejer? Resulta que estábamos sosteniendo el país y cuando hay que discutir cómo lo reconstruimos, ¿las mujeres no estamos?

-¿Cuántas eran, en esa época?

-En una reunión de gran éxito, de gran convocatoria, seríamos 100, 150, en tremendo evento. Y en reuniones normales, seríamos 15, 20 como muchas.

-¿Cómo nace y a qué se dedica Mysu?

-Mysu hereda toda la trayectoria feminista en salud de las mujeres. Nos convocamos en la Concertación Nacional Programática. Salud reproductiva y salud sexual fueron temas donde no hubo consenso en el documento. En el 96 hicimos el primer encuentro de Mujer y Salud en Uruguay. Y escuchábamos las mismas cosas que seguimos escuchando: la violencia en el parto, la falta de acceso a la tecnología de acuerdo a los bolsillos, la cantidad de servicios no atendidos en la política materno-infantil. Fue un largo proceso… Y en 2002, cuando empieza el debate sobre el aborto, Jorge Batlle anuncia que había hecho un acuerdo con la Unión Cívica para no aprobar ningún proyecto de ley que despenalizara el aborto. A partir de ahí empiezan 10 años de campaña sostenida para lograr el cambio legal, que se da en 2012. En 2004 decidimos convertirnos en una asociación civil sin fines de lucro, con personería jurídica desde 2005, y montamos el Observatorio de Género y Salud Sexual y Reproductiva en 2007.

-Me encuentro con frecuencia a mujeres reconocidas, a las que les pregunto si son feministas, y comienzan su argumentación diciendo: «Si ser feminista es…». Como si hubiera muchas definiciones de feminismo (quizás las haya, no lo sé). Le pregunto a una experimentada activista feminista: ¿Qué es el feminismo?

-Tiene, por lo menos, tres dimensiones. Es un motivo de lucha, es una causa justa y es una forma de vida. Realmente pensarte en una sociedad machista y patriarcal, a contracorriente, es tan fascinante como desafiante. Uno de esos desafíos es romper con la dependencia de obedecer al mandato tradicional: primero obedecías al padre, después al marido, después al líder hombre. Te levantás cada día y revisás cómo son tus relaciones interpersonales, cómo estás criando a tus hijos, cómo establecés relaciones de pareja, cómo te vinculás en el mundo laboral, todo es muy demandante, porque es muy fácil reproducir el sistema. Como forma de vida, para mí ha sido la vida más fascinante y apasionante que podría haber vivido.

-Lo que pasa cuando le pregunto a mujeres si se consideran feministas es que se separan, se distancian, de las más radicales…

-Bueno, yo me defino radical. Pero no me defino intransigente. Sí soy radical, porque creo que esto viene de una profunda transformación del contrato social. Para construir la sociedad que estamos planteando es reformular el contrato y estar en la mesa cuando lo negociemos. Desde todo lugar: la Constitución, Código Penal, formas de conducta, prácticas, concepciones… Una de las cosas que más me rompe la cabeza estos últimos años como feminista es pensar en una sociedad no binaria. Cómo pensar una sociedad donde la división entre mujer y varón no te alcanza para explicitar todas las expresiones identitarias que hay. Entonces el feminismo es muy transgresor, te interpela mucho, pero te permite mirar la realidad con otros ojos.

-Conozco mujeres que no se consideran feministas y no se sienten representadas por el feminismo. De hecho, hay legisladoras del Partido Nacional y Cabildo Abierto que han insistido con que cada uno debe llegar a donde pretenda llegar por sus propios méritos y su talento, independientemente de su género. ¿El punto de partida es el mismo?

-La situación de opresión de género es la misma, para todas las mujeres. El problema es cómo lo integrás a tu cosmovisión y tu concepción de la sociedad y el mundo. Ver hoy la categoría «género» como categoría de análisis te permite ver el impacto diferenciado sobre hombres y mujeres que tiene cualquier nivel de actividad en el mundo. El tema es si lo querés ver o no, y si la medida que vas a implementar agudiza esa desigualdad o la reduce. El tema es que hay gente que defiende un sistema conservador, donde el principal rol de las mujeres es el de ser esposa y madre, y si después te queda tiempo, hacer otras actividades. Hay hoy representantes mujeres en el Parlamento y en la estructura de gobierno defendiendo esa concepción de sociedad, independientemente de que están sentadas ahí gracias a la lucha feminista. Porque si no, no estaban.

-Yo leí mujeres que escribieron «¡Feliz día mujeres!» el 8 de marzo, cuando los colectivos feministas machacan año a año con que no hay nada que festejar, sino que es un día de lucha. Otras decían no sentirse representadas por las que marchaban…

-¡Años atrás, se regalaban flores a las mujeres! Es que no hay ninguna feminista que represente a otra feminista. No somos una estructura, no somos el movimiento sindical, no somos una central. ¿Por qué pensar que todo acto que haga otra mujer me va a representar, me voy a sentir identificada y la voy a avalar? Lo que hay que entender es que a todas nos pega lo mismo, pero nos pega de forma diferenciada. Te pega distinto si sos negra o si sos blanca. Te pega distinto si sos pobre o si sos rica. Te pega distinto si sos educada o no sos educada. Y hay trayectorias: cuándo te incorporaste (al feminismo), por qué te incorporaste. Yo todavía no abarco toda la literatura y producción teórica que hay en relación a los distintos abordajes que tiene el feminismo. Y todo esto, se cruza con tus otras concepciones políticas, con tus otras miradas del mundo.

-No es menor eso de las concepciones políticas. Sin ir más lejos, el martes 9 el senador Manini Ríos dijo en radio Sarandí que el feminismo está politizado, y que en la marcha hubo expresiones políticas definidas, cuando el feminismo debería incluir a todas las mujeres, sean del partido que sean…

-Eso es un error garrafal. Es un error pensar que el feminismo no tiene concepción ideológica del mundo. Es un movimiento político. Pretende incidir en la política, para eso hemos peleado todos estos años. Pero además Manini es el peor de los representantes para venir a decirlo. Cabildo Abierto es una fuerza que combate abiertamente lo que ellos llaman «ideología de género». Nosotros venimos siguiendo esta narrativa de la ideología de género: el origen es de la Iglesia Católica, estuvo a cargo de (el papa Benedicto XVI, Joseph) Ratzinger elaborar toda una narrativa que permitiera oponerse de una nueva forma a los avances que veníamos teniendo las mujeres en el debate de la ONU, y de todo el cuestionamiento al matrimonio tradicional, a los roles y mandatos tradicionales. Sin duda, no espero de Manini Ríos más que una declaración que abone a este posicionamiento ultraconservador, ultrarreligioso y de ultraderecha para el cual el feminismo es un enemigo.

-Manini dijo que está «a favor del feminismo, pero en contra de la ideología de género». «El feminismo es una cosa, la ideología de género es otra. Feminismo entendido por la lucha de los derechos y equidad, esa lucha, la apoyamos. Lo que no apoyamos es la radicalización enfermiza contra el hombre que hace mucho daño a la sociedad. No compartimos la ideología de género desde su base, que dice que el sexo es una construcción», dijo.

-Esto lo usó Vox en España, Donald Trump en Estados Unidos o Bolsonaro en Brasil, Colombia, Costa Rica, Venezuela, Paraguay… Tenemos muy monitoreado cómo esto es una re-emergencia de los sectores más ultra-conservadores de la sociedad, que ya no pueden sostener lo que sostenían, porque es intolerable y lo que hacen es inventar un enemigo para descalificar al actor social que lo ha demandado. Sin dudas que para quienes combaten la ideología de género, los feminismos y las diversidades sexuales son sus principales enemigos. El concepto ideología de género no era usado por feministas desde la década del 70. ¿Por qué? Porque no hay un cuerpo ideológico único que tenga una propuesta ideológica única al cual afiliemos todas las feministas. Sí hay cuerpos teóricos que analizan esta situación de opresión y desigualdad de distintas visiones y concepciones, desde las más liberales hasta las anarquistas, si se quiere. Es de una riqueza y de una vastedad enorme, no tiene una estructura única.

-Por lo pronto, un informe reciente del Banco Mundial para América Latina, dejó en claro que el PBI del país podría ser un 13% mayor al actual si las mujeres participaran de igual modo en el mercado laboral. Sólo un 50% de las mujeres participan del mercado laboral, de hecho. Ganan un 31% menos que los hombres ante un mismo trabajo, y las madres, están en desventaja: 10 años después de haber tenido su primer hijo, ganan un 42% menos que los hombres sin hijos. ¿Qué otros indicadores podés sumar que evidencien la desigualdad en el ámbito laboral o académico?

-Cada 11 mujeres, un varón ocupa el mismo tiempo en tareas de cuidados. Hay cuatro varones por cada mujer en el Poder Ejecutivo, mientras que en el sector salud son cuatro mujeres por cada varón. Y esas cuatro mujeres están afectadas al sector servicios que es el peor pago del sector salud. Vos seguís viendo la segregación de las mujeres en el mercado laboral. En el plano informal las mujeres son amplia mayoría, ya es histórico. ¡Mirá el GACH! Ves fotos del GACH y no parece que las mujeres fuéramos el 60% de la matrícula de egreso universitario. ¡60 por ciento! Capaz que ves alguna mujer (científica) en los equipos de trabajo, pero los principales del GACH son todos hombres, en término de cuál era la voz -oráculo casi- de la ciencia. Ese 60% no se refleja después en los grado 5 o rectorías ni decanos. Lo mismo en la educación, en el turismo, en el mercado de la informalidad la mujer tiene el papel más cruel, y la gran mayoría están a cargo de las ollas populares. Ollas populares que se han vuelto una medida normal, como si fuera una política pública. Hay una dificultad que me preocupa: cada vez que hablamos de mujeres, hablamos de femicidios.

-Y no se ve la desigualdad cotidiana…

-¡Estructural! Que necesita de políticas específicas, pero necesita de modificaciones en la macropolítica.

-¿Se puede ser hombre y feminista?

-Sí, vos podés abrazar cualquier cuerpo teórico de análisis y reflexión del mundo. Y conozco una cantidad de varones que han reflexionado, a partir de la lucha feminista, sin ningún lugar a dudas. Hay varones que han reflexionado profundamente sobre su condición, en una sociedad machista y patriarcal, y se suman a la construcción colectiva. ¿Qué me pasa con los varones? Mirá, yo soy antirracista. Pero tengo clarísimo que jamás voy a vivenciar corporalmente lo que vive una persona negra, y me ha pasado estando en pleno África. Hay una cuestión de la vivencia personal, de tu socialización, de tu biografía, que se te impregna en el cuerpo, que tiene marcas. Por eso para los varones lo que se requiere son espacios de reflexión de la masculinidad hegemónica y tóxica. Y tiene que ser una reflexión hecha entre varones. Como fueron los espacios de autoconciencia que seguimos llevando hasta ahora entre mujeres, para entender esa dimensión de la opresión que tenés introyectada.

-Parece haber dos bibliotecas: quienes entienden que es una causa sólo de las mujeres, y que los hombres ni siquiera deberían participar de la marcha de los 8M, y quienes entienden que, si no es entre todos, con conciencia colectiva de la sociedad toda, y con hombres apoyando la causa de forma genuina, las mujeres no llegarán nunca a la anhelada igualdad de derechos.

-Para mí el feminismo (o los feminismos) son una propuesta de sociedad distinta. Y no se puede construir una sociedad distinta sin el hombre salvo que decidamos segregarnos, que unos vivan en una parte del planeta, otros en otra, y vamos a tener una cantidad de gente en el medio que va a querer vivir en los dos lados. Y son momentos de tu vida también. Yo tuve momentos donde a algunos hombres los quería achurar (se ríe), y tuvimos que hacer todo un trabajo pedagógico, y tuvimos que entender que no era por el camino violento, porque estábamos reproduciendo lo que queríamos cambiar.

-Lo que pasó el lunes 8 en la marcha con trabajadores de la prensa, que estaban cubriendo la marcha…

-…Hay veces que tenés que tener una paciencia infinita, que uno construye con los años… Yo que trabajo con gente joven, te digo que hay cambios que se dan con el tiempo. Y hay distintas formas de poder expresarse, ¿no? Te diría que hay una composición generacional que hay que entender. Yo no soy partidaria de apagarla, hablo de esas cuestiones que son a veces agresivas… porque también son un mojón. La institucionalidad te lleva a mediar mucho, eh. Cuando vos peleás política pública mediás mucho porque es la política de lo posible y no de lo deseable. Y muchos años después de pelear políticas, yo hasta hoy estoy muy desconforme con la cantidad de tiempo y energía que pusimos para políticas que siguen siendo mezquinas, insuficientes, sin recursos, con baja prioridad. Y entendés que las nuevas generaciones quieran romper con todo…

-Entendés, pero… no lo justificás, ¿no?

-Creo que es una construcción a largo plazo. Yo aprendí que esto no va a cambiar de hoy para mañana por mucho que gritemos. Volviendo a la participación del hombre: yo creo que tenemos que construir una sociedad radicalmente distinta. Y es entre todos, no hay otra posibilidad que no sea entre todas las partes. También implica asumir la contradicción que tenés como varón en este cambio social. No es solo darle más derechos a las mujeres. Es que esos derechos hoy están apropiados por una supremacía masculina que debe entender que va a perder privilegios. ¡Es un hecho! No podés tener más mujeres en lugares de poder, salvo que aumenten los lugares de poder o dejen de tenerlos los varones que hoy están ocupándolos.

-Cuando se discute sobre feminismo, no faltan quienes señalan a las más radicales (las que manifiestan odio o desprecio contra los hombres, las que vandalizan una iglesia, las que atacan a periodistas porque el camarógrafo es varón, por ejemplo), en el entendido de que esas pocas terminan jugándole en contra a la causa. ¿Qué pensás tú?

-No, porque creo que a la causa lo que le juega en contra es el sistema. Y eso no hay que perderlo de vista. He hecho un esfuerzo titánico este 8 de marzo, para que otra vez no centremos el debate en episodios puntuales y lo centremos en lo importante.

-De algún modo, si pasa eso, es lo que te planteaba: unas pocas terminan opacando el reclamo válido del feminismo y su lucha…

-También está qué percibe la prensa, y lo que cubre. Yo ya he visto varias veces que nos tratan como algo homogéneo, que da lo mismo, no tienen mucha idea de que una es de una organización, y otra es de otra. He visto que entrevistan a una de una organización, y recrean la entrevista con imágenes de otra organización con la que tienen diferencias. Como que todo fuera una masa de mujeres, y cualquier acto se ilustra sin siquiera tener idea de la gama de diversidad. Este sector del feminismo que contiene las expresiones más agresivas, si queremos llamarlo de alguna forma, es el sector que no cree en los medios de comunicación masiva. Considera que es uno de los enemigos.

-Lo decían en el cántico: «¡La prensa burguesa no nos interesa!»

-Sí. No divulgan nada por los medios. Nunca. Es un sector que considera que la prensa las expone, no las entrevista. Y ellas no quieren hablar con la prensa, no firman comunicados que las otras organizaciones mandamos a la prensa, se mueven por redes sociales. Lo de mayorías o minorías no sé… porque el lunes fue una multitud de expresiones a lo largo y ancho del país, donde hubo de todo. Importa señalar que lo más noticioso en términos de cobertura no fue las que venían hablando de qué hay que hacer y por dónde. Fijate que los canales, que estaban ahí en la marcha, no fueron a cubrir a otras organizaciones que sí habían convocado a los medios. Yo, por ejemplo, a las 19.30 estaba frente al Teatro Solís con la convocatoria de las compañeras del teatro y las artes proyectando sobre el Solís sus reivindicaciones, y no había ni un solo canal. Nosotras estuvimos de 15 a 17 horas con «Las Criadas» en la Plaza Libertad, y de nuevo: no había canales de TV. Pero yo no estoy de acuerdo con resolver un conflicto de manera violenta. Esto tiene que ser un mandato. Y yo puedo no estar en de acuerdo con lo que todas hacen, pero hay un principio feminista básico: no todas estaremos de acuerdo, pero tocan a una, tocan a todas. No quiero que me hagan decir si esas son nenas malas e incorregibles que no me representan, como me lo preguntaban cuando las manchas en la iglesia. Son una expresión que no son la mayoría. En el caso de lo que pasó o las manchas, el ruido no sólo lo generan ellas, sino los medios que optan una y otra vez cada 8 de marzo en poner el foco. Todos los años hay un episodio que es imposible controlar, porque nadie controla las múltiples expresiones…

-Te noté molesta porque las policías que cuidaban la fachada de la iglesia del Cordón eran mujeres.

-Si hubiera habido un desmán, ¿quién reprimía? ¿Mujeres contra mujeres?

-¿No se puede partir de la base de que no haya ningún desmán?

-¿Y por qué le ponen vallas a una de las iglesias que (NdeR: habla de la Iglesia Católica como institución) cuenta pedófilos, y desde ahí nos juzga? Si vamos a medir mensajes, midámoslos en toda su dimensión. Yo hubiese esperado que las policías mujeres hubieran tenido el día franco para poder movilizarse el 8 de marzo, porque como mujeres en la Policía también viven la discriminación. Y no tener que sumarse a un cuerpo policial que ha estado pensado históricamente para hombres. Yo hubiera preferido que se hubiese trabajado sobre la situación de las mujeres en el Ministerio del Interior y en el ejercicio de la función policial. Y no ponerlas en el marco de defensa de una institución, sabiendo que la marcha que pasa por delante cuestiona a esa institución como una de las estructuras del sistema patriarcal que queremos derribar.

-Si no hubiera habido vallas, y policías enfrente, ¿qué hubiera pasado?

-Nada, como hace años no pasa. En la última, cuando yo pasé por ahí y vi todo ese despliegue, hasta yo tenía ganas de tirarle una bomba… Es como una suerte de provocación. Hay que medir los mensajes políticos desde las instituciones. Eran cinco manchas, tampoco era para tanto. A mí las manchas sobre los monumentos públicos no me parecen algo feliz, porque distorsiona el mensaje y terminás hablando de otra cosa. Pero es una tendencia de muchas jóvenes feministas hoy, que marchan desde una cuestión mucho más cuestionadora que dice: «Les importan más las paredes y los muros que nuestras vidas». Terminan poniendo el foco en eso, y no en el reclamo. Eso tenemos que discutirlo también desde el rol de la comunicación.

-¿Qué evaluación hacés de la marcha principal del 8M por 18 de Julio este 2021, y las movilizaciones vía redes?

-Fue un 8 de marzo impresionante. Yo después de haber hecho nuestra movilización y pronunciamiento público anduve en la vuelta, porque tenía angustia porque podía pasar algo. No era solo la cuestión de la pandemia, estaba la habilitación a poder reprimir por la prohibición del derecho de reunión, que se extendió en su decreto. Estaba preocupada. A determinada hora me puse a dar vueltas en el auto por las inmediaciones, por las paralelas.

-¿Cuánta gente estimás que había el lunes 8?

-El saldo de la marcha es súper positivo. En otras marchas pre-pandemia estimamos unas 300.000 personas. El 8 fuimos viendo por las paralelas cuánto se extendía, y nosotros llegamos a ver siete cuadras desde que agarrabas la marcha que venía de los Bomberos, hasta la que venía de la Plaza Independencia. Ponele que fueran 100.000. Pero después la Plaza de las Pioneras, en Agraciada y Arroyo Seco, estaba a full; en CoviSunca Malvín la manifestación fue de dos cuadras de mujeres cooperativistas, en el Cerro, en La Teja, en Casavalle…

-El Gobierno llamó a la no movilización en las calles, considerando la emergencia sanitaria, cuando Montevideo está en rojo según el índice de Harvard por los casos de pandemia. ¿Por qué Mysu marchó? ¿Por qué entendés que era imprescindible la movilización presencial?

-Nosotros desde el año pasado estamos movilizados teniendo en cuenta los cuidados de la pandemia. La movilización social no se puede parar, porque pasan cosas que te afectan, por lo menos, tu concepción de pérdida de derechos o garantías (se legisló la LUC y el Presupuesto Nacional, entre otras cosas). Sí creo que fue poco inteligente la resolución de extender el decreto de prohibición del derecho a reunión, porque afectaba otras dimensiones que después no se iban a poder controlar. No hubo una marcha masiva, pero aglomeraciones por el 8 de marzo hubo, no solo en Montevideo, hubo a lo largo y ancho del mundo. También digo: a un año del Covid, nosotros estamos diciendo que el Covid no puede ser excusa. No puede ser desatendido como emergencia, pero no puede ser una excusa. Hubo un mandato de no aglomeración, como ha habido varios mandatos de no aglomeración y la gente los ha cumplido más o menos… En el verano la gente se movió mucho. Nosotros hicimos un monitoreo de este 8 de marzo: la gran mayoría tenía el tapabocas, mantener la distancia física… no tanto, pero también veías que eran conformaciones de burbujas preexistentes. Creo, además, que en términos de mensaje político que Javier García (ministro de Defensa), Jorge Larrañaga (ministro del Interior) y (el senador de Cabildo Abierto, Guido) Manini dijeran que «nos cuidan» porque extienden la prohibición del derecho de reunión… Bueno, son señores que siempre votaron en contra de cualquier ley que avanzara en nuestros reclamos, históricamente. No me vengas a decir que nos están cuidando, cuando me prohibís el derecho a reunión.

-No hubo ninguna acción de represión por parte de la Policía…

-No, por suerte. Lo agradezco, porque yo no quiero ninguna causa que sea martirológica (sic).

-La diputada del MPP Bettiana Díaz manifestó en Twitter algo que tiempo atrás había dicho Fabiana Goyeneche: que no existe feminismo de derecha, que el feminismo es una causa de la izquierda. ¿Compartís?

-En las mujeres de derecha hay una contradicción profunda y es que el modelo de sociedad está sustentado en un concepto tradicional de familia: el pilar es el marido, se lleva primero el apellido del patriarca, la mujer es su esposa y está a cargo de la tarea reproductiva y los hijos. Ese es el modelo y el lugar. Y la doble moral sexual, la concepción de la mujer, esposa y madre, y aparte está la puta, a la que exploto y denuesto. Ese es el modelo de sociedad conservadora que sigue siendo intacto en los partidos políticos del extremo más conservador que se ha revitalizado hacia un tenor más ultraconservador, que reivindica la familia tradicional: tradición, familia y propiedad.

-¿Dónde quedan, entonces, feministas de la primera ola como la hoy vicepresidenta Beatriz Argimón o la hoy directora de Inmujeres, Mónica Bottero?

-Yo no digo que no peleen por la condición de la mujer. Nuestra vicepresidenta es parte de un partido tradicionalista, y además ha estado en el Herrerismo, que es la expresión más conservadora dentro del Partido Nacional. Y me consta que ha dado peleas para que las mujeres tengan igualdad de oportunidades y en cargos de poder, etcétera. Ahora… cuando venís a discutir la estructura del sistema, las bases que lo constituyen, hay una contradicción básica y es que el feminismo pone en cuestión toda esta estructura de esta expresión político-ideológica de la que ella forma parte. Eso no quiere decir que las izquierdas sean todas feministas. Esa es otra discusión. Yo prefiero decir que el feminismo es emancipador, es libertario. El feminismo rompe con los mandatos, rompe con las estructuras y cuestiona hasta el «hombre nuevo» de la izquierda, ni más ni menos. Yo a alguien de izquierda lo puedo interpelar diciéndole que es contradictorio que no afilie a la causa feminista y sí afilie por la clase obrera al poder. Ahí tiene una inconsistencia, porque en la clase trabajadora hay mujeres. A Manini, ¿qué le voy a cuestionar? Lo que él propone como sociedad es exactamente la sociedad contra la que yo lucho. La contradicción es intrínseca entre entender el feminismo como reformar algunas cosas que permitan garantizar algún tipo de igualdad, pero sin cuestionar el status quo, y el feminismo que es altamente cuestionador del status quo. Beatriz Argimón siempre peleó por la condición de la mujer. O sea, dentro del status quo, ver de qué forma en su marco político de sociedad, poder mejorar en algo la condición de las mujeres. A Mónica Bottero siempre la tuve ubicada en la prensa. Ambas tienen un problema interno en la coalición de gobierno: integran un gobierno donde el 80% son varones, y son varones que reivindican el status quo.

-José Mujica dijo en diciembre de 2019 que el feminismo es «bastante inútil» porque el machismo «es un hecho»…

-Mujica forma parte de los patriarcas de la política, por más de izquierda que sea. Si algo que yo concuerdo es que un machista es un machista, ya sea de izquierda o de derecha. El Frente Amplio recién ahora está discutiendo que es antipatriarcal, y no sabe qué quiere decir. Definirte podés definirte como quieras, pero para ser coherente con esa definición tenés que interpelarte y revisarte.

-Costó mucho legislar la Ley de Violencia Basada en Género, sin embargo, según ha dicho la saliente titular de la Suprema Corte de Justicia, el titular actual, Tabaré Sosa, no hay presupuesto para los juzgados especializados en género. ¿Qué pasó ahí?

-La resistencia del sistema judicial a la incorporación de la perspectiva de género es histórica. Es uno de los poderes del Estado que… es casi de familias, de herederos, casi constitutivo de una concepción patriarcal. Nosotras recién en 2007 logramos sacar del Código Penal que se exoneraba de pena al violador que ofrecía matrimonio a la mujer violada. ¡En 2007! La Ley de Violencia tiene un problema que no es solo de esta administración y este presupuesto, ya viene de antes, que tiene que ver con cómo acompañar los discursos con recursos. Reconozco que tienen mucho que hacer, porque no es solo instalar los juzgados, es cómo formás gente… Por un lado, hay falta de voluntad política, por la falta de presupuesto asignado a esto. Lo decretaron emergencia social, pero es una emergencia social sin recursos. Después tenés las resistencias de gente que entiende que esto es banal, que es incidencia de lobbies feministas. Lo has escuchado de abogados prestigiosas. Creen que es una cuestión perversa de la «ideología de género», para que los varones sean condenados, aunque sean inocentes. Es un absurdo. No llegamos al 30% en el Poder Legislativo, no llegamos al 20% en el Ejecutivo, y en el Poder Judicial (las mujeres) somos la ínfima parte de la decisión.

-Hubo 21 femicidios en 2020. Ya van seis femicidios en lo que va del año y recién arrancamos el tercer mes. Hay una denuncia por violencia doméstica cada 13′, sumado las víctimas que no se animan a denunciar. Es, claramente, una epidemia que no estamos sabiendo atender. Y para colmo, hay tobilleras que no funcionan o victimarios que ya habían sido denunciados por violencia de género, terminan matando a una mujer. ¿Qué actores están fallando?

-Estamos fallando todos. Obviamente es una responsabilidad del Estado tratar de combatirla, de atenderla. Todavía tenemos un alto porcentaje de la población que piensa que la mujer «algo hizo y se lo mereció», aunque la hayan matado. Las cosas que he leído sobre la muerte de esta gurisita de 14 años (que murió) en un aborto legal son de una crueldad que no me entra en la cabeza. Y además, ¡no hay que entenderlo como una lucha entre los sexos! ¡No es una batalla entre los sexos! Porque, además, si fuera una guerra, ya venimos perdiendo por goleada. Porque las muertes se cuentan de este lado.

-¿Cuánto ha avanzado el feminismo en Uruguay? ¿Qué ha logrado?

-Es un tema de la agenda política, un tema ineludible. El reconocimiento de la violencia de género como una dimensión que debe ser atendida desde todo el campo, desde lo jurídico hasta lo económico y cultural. En tema de salud sexual y reproductiva, Uruguay es uno de los países que más ha avanzado en la región. No sólo por la legalización del aborto, sino también el matrimonio igualitario, entender que el amor es amor, entender que el género fluye. Que las personas trans hoy se sienten sujetas de derechos me parece un cambio tremendo. Y cada uno de esos avances nos lo tenemos que apropiar y defender a capa y espada. Nuestro gran desafío hoy es no retroceder sobre lo logrado.

-¿Y qué falta?

-Falta mucho. Falta una reforma constitucional. Nos tenemos que pensar como una sociedad distinta donde revisar los contratos sociales. El Código Penal debe ser revisado de punta a punta, y hay que hacer una reforma con perspectiva de género. La reforma constitucional es para ver estas cuestiones que ahora se reforman de a pedacitos, y no vemos sus impactos en esa forma de segregación que tenemos a través de la sociedad pensada en términos patriarcales. Hay que pensarla en el siglo XXI, pero esto no solo para Uruguay, ¡para el mundo! Hoy tenemos mucha más perspectiva de vida, y las mujeres tenemos una sobrevivida de siete años sobre los varones. La vejez más vejez es femenina, y es la que vive en peores condiciones. Por eso me exaspera que las reformas son muy mezquinas.

LINK A LA ENTREVISTA